Pienso:
Pero cómo te decides por una si en realidad lo que pasa es que te estás fraguando una guerra de fantasmas muertos, sí, muertos que se vuelven a morir de hambre, de un tiro en la sien o de pura soledad; una guerra en la que, por definición, nadie puede ganar
(correcto)
Y vuelvo a pensarlo:
"De alguna extraña manera las cosas encontraron la trayectoria justa desde una existencia miserable hasta lo maravilloso de un tiempo que realmente no corre: y te describen la vida como una fórmula, aunque tú sabes que la verdad es que hay una ecuación que describe cómo se va pasando de un estado a otro en la conciencia, y es como una sucesión de derivadas. Eso es lo que Cobb debió haber visto: no la simple matemática en la que una incógnita se revela si las piezas se mueven correctamente, sino un campo abierto para caminarlo. Y esa es la epifanía de la que no todos se percatan: si bien Cobb ya había encontrado la puerta para desaparecer, también encontró la manera de regresar a voluntad. Contrario al sentido común del que todos los hijos de puta hacen alarde, una vez hallado el fracaso, intentar de vuelta no es trivial. Esa es la vida. Y conociendo bien la estructura del juego, Aposté mis cartas. No se me puede culpar por eso".
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